Rutas artísticas

Moarves de Ojeda

ENTORNO / SITUACIÓN:
En la falda de una cuesta cerca del río Burejo. Rodeado de campos de cultivo. Su terreno es de mediana calidad

TOPONIMIO:
En 1845 disponía de un batán y de un molino harinero. A las afueras de la población se encontraba la ermit de Nuestra Señora de la Encina.

ACCESOS:
Desde Herrera por la C-627 a unos trece kilómetros llegamos al pueblo.

HABITANTES:
1845: 120

EDIFICIOS DE INTERES:

Iglesia de San Juan

Para describir esta hermosa iglesia no se puede hacer mejor que lo hizo el profesor García Guinea en su obra "El románico palentino", esto es lo que él comenta:

"El que no la conoce no puede soñarla. Es más, nadie podría imaginar que en pueblecillo tan humilde como Moarves, en medio casi de una soledad de campo castellano, iba a surgir una de las más bellas joyas del románico y que, además, el tiempo y los hombres, generaciones y generaciones comidas al fin por la tierra, hayan pasado sin apenas mancillarla. Al contrario, el sol de tanto verano ha cocido -tostándolas como pan de horno- unas figuras que parecen hechas con la arcilla amoratada, color de uva pisada. ¡Qué bien la vio Unamuno, cómo supo sentir todo lo que de aquella piedra emanaba y emana!. "En Moarves -dijo- una bella portada de encendida encarnadura, de piedra, donde Cristo -la puerta de las ovejas- rodeado de los cuatro animales simbólicos de la Esfinge -hombre, águila, león y toro- y en medio de la docena de apóstoles. Debajo el arco ajedrezado de la puerta. Y arriba, en la torre, la cigüeña ha fabricado su nido en cofre de leña, obra de arquitectura también, Le lanza a uno ese nombre, Moarves, a soñar en unos presuntos mozárabes que, al amparo del Cristo de la puerta -y puerta El- se acogieron, merced a la reconquista románica y visigótica, al redil de la raza, ¿Qué quiso ser aquello?”. Y esto es Moarves, una "encendida encarnadura", un pasmo medieval lanzado al porvenir con ese anhelo de eternidad que hacía vivir a los hombres y despreciar el tiempo. Es como si nos hubiesen dicho: "Ahí os va, gentes que vengais, humildes o soberbios, ateos o creyentes, una muestra de nuestro concepto del mundo. Entre la piedra tallada, en el interior de cada apóstol, escondida en la vena ferruginosa de este Pantocrátor de milagrosos pliegues imposibles, os hemos dejado nuestro corazón y nuestro espíritu, Tal vez penséis que perdimos el tiempo o quizás no lleguéis a entender nada. Pero lo peor es que paséis sin meditarnos. Todos los que hicimos esto, y muchos más que lo vieron después, somos desconocidos, recuerdo de nadie, tierra ya de estos campos que en un tiempo sembramos. Pero antes de irnos nos pusimos a dar pervivencia a nuestra fe. Buscamos la cantera, hicimos trabajar a los cinceles y transmitimos un poco de nuestra alma creyente a la maciza roca inerte e insensible, para que a través de ella, ya humanizada, pudieseis pasar al lugar sagrado donde el Cristo de arriba, para nosotros, sigue viviendo".

Testimonio de fe, de evangélicos versículos, razón de vida de una época, la puerta románica de Moarves es también orgullo de la capacidad de creación del hombre y de las generaciones rurales que han sabido conservarla. Digna de una catedral se nos aparece de repente, en la reducida plazoleta empedrada, para enmudecer nuestras superficiales actitudes y dejarnos sumidos en un asombro profundo e inolvidable, parejo al que producen las grandes obras de la humanidad. El candente color de la piedra, la continuidad procesional de los apóstoles, el valor clásico de un largo arquitrabe, el dibujo casi de pergamino de las lobuladas arquerías, el cuidado en la terminación del frontis, todo contribuye a producir una emoción única e inolvidable. La entrada, de medio punto, lleva cinco arquivoltas: de billetes, baquetón, billetes otra vez, baquetón con bolas y hojas esquemáticas de acanto, dobladas. Apoyan todas sobre cimacio con decoración de palmetas dobladas e inscritas en su propio tallo, el de la derecha, y con acantos seguidos el de la izquierda. Los capiteles, que son seis, sobre dos columnas exentas y cuatro intercolumnios, llevan en el lateral izquierdo: pareja de jóvenes amorosamente abrazados, Sansón desquijarando al león, músico, posiblemente Salomé en su danza, otro músico (los tres pudieran ser también escenas de juglares y danzarinas moriscas), figura de profeta o rey, talvez David o el rey Herodes. En el lateral derecho: acanto con crochet enmedio y volutas, dos guerreros simétricos con sus armas y escudos, acantos similares al primero sobre los que emergen volutas y dos cabecitas humanas, dos guerreros atacando con sus lanzas a un león, acantos y por encima volutas y flores cuatripétalas, dos hombres barbados (tal vez monjes) abrazados y leyendo juntos el mismo libro que sostienen con las manos.

Sobre esta puerta descrita se levanta lo más espectacular y grandioso que es el apostolado. Se trata de un largo friso rectangular que adorna el centro de la fachada sur de la iglesia. Sobre la misma puerta, en un amplio cuadro de piedra moldurada aparece el Pantocrátor, sedente, orlado de la almendra, que en postura hierático y solemne bendice con la mano derecha y sujeta el libro con la izquierda. En las enjutas que forma la mandorla se esculpen los emblemas clásicos de los evangelistas, y a cada lado se desenvuelve la media docena de apóstoles, de pie, frontalistas, con carteras u objetos que los individualizan. Casi todos llevan los dos pies paralelos de frente o casi de frente, salvo el primero de la derecha que los cruza. La cabeza suele aparecer en un iniciado perfil, con la excepción de dos de la derecha que miran de frente. A cada apóstol le separa del vecino una columna de fuste monolítico y capitel, siempre distinto, de altas hojas que se doblan en los ángulos en capullo o crochet, muy del gusto de la escultura de San Andrés de Arroyo. Un fuste, por ejemplo, se torsiona en suaves ondulaciones cóncavas que llevan talladas flores pentipétalas, algo parecido a la gran columna angular de este claustro cisterciense.

Las opiniones y los juicios de estilo y cronología de este excepcional apostolado, han sido diversos y en algunos casos opuestos. Porter lo considera copia del de Santiago de Carrión, en tanto que Mayer no lo cree derivado de éste, Sin embargo, con la posibilidad que ahora tenemos de consultar el material en buenas fotografías, y aunque sigue existiendo bastante incertidumbre al querer desentrañar las líneas directrices de los estilos, maneras y maestros que labran la escultura del último, tercio del siglo XII, hay conexiones que no pueden pasar desapercibidas. No parece discutible, a pesar de la opinión de Mayer, que el apostolado de Moarves tiene como modelo el carrionense, pues éste, obra sin duda de un escultor de tendencias más clásicas, más profundo y de vibraciones más humanas, ha de ser la obra maestra digna de copiarse, si bien hemos de considerar que hubo más de un maestro trabajando en el apostolado de Carrión, en tanto que el de Moarves lleva claramente la firma de un solo escultor o de un solo taller. Pero es que además hay ciertos rasgos, que cada vez vamos conociendo mejor, que nos inclinan a creer que el artista de Carrión está más apegado aún al gusto iconográfico, de figuras o de zarcillos calados y molinillos, tal como aparecen en los capiteles entre los apóstoles , en tanto que los de Moarves tienden cada vez más al esquema vegetal, más cerca de lo andresino. Seguimos pensando como cuando iniciamos nuestros estudios del románico palentino: El apostolado de Carrión viene como una prolongación directa de los maestros de Ávila -llamémosle Fruchel más como síntoma de procedencia que como seguridad de una misma persona- y estos maestros, que también labran en el monasterio de Aguilar, podrían estar haciéndolo entre 1170-1180. Después, ellos mismos o nuevos llegados, van cambiando las decoraciones según petición más aiconística de los clientes, sin duda influidos por el nuevo espíritu cisterciense. Por ello el apostolado de Moarves sería labrado hacia 1185, fecha que consideramos porque, a nuestro parecer, el maestro que la trabaja es el mismo que hace los capiteles de Lebanza y éstos están claramente fechados en esta data. Este maestro de Moarves sería alguno de los que labraba ya San Andrés de Arroyo, como parecen demostrarlo sus capiteles, y pienso que saldría del círculo de aquellos que conectan con Ávila. Dos ventanas, enmarcan este apostolado y llevan arquivoltas de acantos doblados y de hojas con rico calado. Los cimacios son semejantes y sus capiteles de animales fantásticos enfrentados. También son excelentes las ménsulas que sostienen el saliente del apostolado, sobre todo la derecha, con guerrero a pie con cota de malla, escudo y lanza que clava sobre monstruo serpentiforme. El interior de la iglesia, de una sola nave, con ábside cuadrado y bóveda, ya posterior, de terceletes y combados. Es muy interesante la pila bautismal, con otro apostolado, muy tosco y posiblemente más antiguo que el de la fachada. Es buena pieza que, desgraciadamente, está deshaciéndose como consecuencia del mal de la piedra que la ataca, aunque recientemente ha sido recompuesta y fortalecida por los restauradores del Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo.



ERMITA DE LA ENCINA DE MOARVES DE OJEDA En lo alto de un teso, al poniente de San Juan de Moarves, existe una pequeña ermita, de planta rectangular y una sola nave, que en su día, cuando yo la visité en la década de los cincuenta en mi recorrido provincia¡ para mi tesis doctoral sobre el románico palentino hallé un precioso relieve en piedra arenisca que estaba situado, en vertical, a la derecha del altar, sosteniendo en su superficie plana superior las vinajeras y otros objetos de culto. En su cara frontal llevaba una espléndida talla con la Anunciación del ángel a la Virgen. Los dos personajes aparecían de pie, el ángel a la izquierda del espectador y la Virgen a la derecha, ambos cobijados por un arco muy rebajado. El ángel, en posición casi frontal, cruzaba su brazo derecho a la altura del pecho y con el dedo índice levantado señalaba el cielo. Con su mano izquierda sostenía una cruz de brazos iguales colocada en lo alto de un largo vástago, que en total vertical parecía separar al ángel de la Virgen que, también en disposición frontal y en postura de aceptación del mensaje, tenía sus manos juntas apoyadas sobre el pecho y la mirada en bajo. Los pliegues de las ropas tienden ya a la técnica gótica, aunque el espíritu es todavía románico. Dada la maestría que este relieve declaraba, es casi seguro que fuese obra de los escultores que trabajaron en San Andrés de Arroyo. Quizá estuvo en el claustro del monasterio y algún día pudo ser subido a la ermita de la Encina. Su cronología está en los finales del XII y comienzos del XIII, con claro influjo francés. La postura del ángel es semejante a la que aparece en un capitel de la puerta de Lara de los Infantes; un ángel sosteniendo una cruz también se ve en un capitel de San Juan de Ortega. Desgraciadamente de esta importante pieza escultórica sólo queda la fotografía que yo la hice, sacando el bloque fuera de la iglesia, en 1955. Ya hace años, cuando otra vez quise volver a verla, había desaparecido de la ermita. Su paradero es desconocido, aunque algún día, puesto que existe la fotografía, Podrá, quizás, recuperarse.".